martes, mayo 21, 2013

Entrevista a Alan Sparhawk (Low). Las escenas eliminadas.


Como complemento a esta entrevista que se publicó recientemente en el Metrópoli, voy a añadir las partes que se quedaron fuera de una conversación que dio bastante de sí. La entrevista, por cierto, venía a cuento de los recientes conciertos que Low ofrecieron en España y, tras poder haberlos visto en Madrid y Valladolid, hay que certificar que se encuentran en uno de sus mejores momentos de forma. Vamos allá.

En vuestras letras convive una sensación de misterio y desazón, de espiritualidad y violencia. Supongo que no te gustará explicarlas mucho pero, ¿son una catarsis, una forma de ordenar los pensamientos, de confrontar o crear sentimientos en el oyente?
Creo que escribir canciones aporta a tu mente una forma de darle sentido a las cosas que no lo tienen. Normalmente no hay respuestas, la historia nunca está completa. A veces simplemente es un momento en el que te das cuenta de que hay un problema y lo ves todo claramente, lo sientes o lo reconoces. Las canciones nos abren puertas para explicar esas cosas. Es difícil a veces admitir que estás escribiendo sobre temas que surgen alrededor de ti. Nunca lo hago intencionadamente en plan: “Voy a escribir sobre esto que me ha pasado”, nunca es así. Casi todo es muy aleatorio y otras sale todo muy directo. Para mí la mejor música es la que deja su propio espacio. Escribir una canción te permite la licencia de no finalizar la historia. 

Son como sueños, se podría decir... 
Sí, realmente es una buena comparación. No puedes controlar lo que está sucediendo en ellos.


¿Jeff Tweedy era fan vuestro
Sí, compartimos varias giras con Wilco, y con Jeff he tenido cierta relación, hemos salido a correr varias veces. Nos conocíamos, yo confiaba en él y ha entrado muy rápidamente en nuestro mundo. Es bastante tranquilo, genuino y respetuoso con lo que hacemos y nos ha ayudado a sonar lo mejor posible. 

Tu trayectoria paralela con Retribution Gospel Choir  ¿ha ayudado a mantener a Low vivos? 
Sí, eso creo. Te da perspectiva, el tocar con otra gente siempre me retrotrae a lo que hago con Low. Recientemente hemos hecho un disco muy esotérico con sólo dos canciones. Creo que gracias a eso he sido un poco más capaz de mantener el control y hacer un álbum tan intimista y tranquilo. Al intentar otras cosas más de improvisar y bailar es una experiencia diferente que en gran manera ha influido nuestros últimos dos discos.


Tocáis Mucho en España últimamente... 
Es uno de los lugares donde mejores fans tenemos. En realidad antes hacíamos como 100 conciertos al año, ahora no más de 60 ó 70. Venimos a España no sé si porque hay más demanda o porque los promotores siempre nos llaman. 

Aún recuerdo conciertos bastante descontextualizados, como el que ofrecisteis en Las Ventas como teloneros de Radiohead, en 2003. 
Fue fascinante toda la gira con esos tíos. El público en general fue muy amable con nosotros, nadie nos odiaba. En Europa la gente ama la música e intenta disfrutar de toda la noche. 

¿Vuestra música es más valorada aquí que en EE UU? 
Sí, Inglaterra, Holanda, Escandinavia…. Tocamos en sitios más grandes en Inglaterra y España. Aquí se nos ve como una banda y eso ya nos legitima. En America el rock and roll todavía es una especie de broma, algo que se hace por y para los chavales, y también está más comercializado, pero no se le considera como arte. En Europa es parte de la vida real y está bien que eso te apasione. En América siempre que se habla de nosotros en la prensa lo primero que dicen es que somos esa banda de mormones, o esos rockeros indies que viven en un bosque. Es una diferencia muy sutil pero creo que se le puede aplicar a muchos grupos. Estamos muy fuera de la norma aceptada.  

Aquí tenemos un dicho al respecto: "Nadie es profeta en su tierra".
Allí le ha pasado a mucha gente. Es como una epidemia, hay una larga historia con músicos de jazz, por ejemplo. O como le sucedió a Nina Simone, que una vez que salió de su país la percepción era mucho más fidedigna y encajaban mejor. Es una cuestión interesante. Me siento parte de ello. 

Una curiosidad tonta. Teniendo en cuenta que ambos nacisteis en la misma localidad (Duluth, Minnesota), ¿has llegado a conocer en persona a Bob Dylan?
No, pero una vez trabajé en el backstage en un concierto que él hizo, una gira compartida con Paul Simon. Yo era conductor, llevé a Paul Simon y hablé con él un rato, pero Bob Dylan tenía a su propio chófer, apareció de repente en el escenario, tras el concierto desapareció y nadie le volvió a ver más. Nadie habla con Dylan. 

¿Qué percepción hay de él en Duluth? 
Donde vivimos, claramente él es lo más, una especie de héroe, la persona más famosa que ha salido de aquí. Hay toda una cultura local al respecto. Para mí es una inspiración, un ejemplo de alguien que ha estado ahí muchos años y sigue. Hay muchos músicos viejos que se han convertido en una especie de chiste y que se avergüenzan de sí mismos. No todo el mundo lo puede hacer como Dylan, Neil Young o PJ Harvey. 

¿Qué piensan vuestros hijos de la música que hacéis? 
Les gusta, sobre todo el álbum “Christmas”, se lo ponen a veces. Al chico le gusta mucho la música pop, y la niña toca canciones en el piano. Probablemente entienda y aprecie lo que hacemos más de lo que le gusta.


sábado, abril 27, 2013

Entrevista a Fino Oyonarte (Los Enemigos)


La pasada semana sostuve esta conversación con Fino Oyonarte con el motivo de sacar un previo en La Luna de Metrópoli (publicado ayer) de los conciertos de reunión que ofrecen Los Enemigos en Madrid este fin de semana. En realidad, una entrevista con Fino daría mucho por su personalidad en bastantes ámbitos del mundillo musical: productor, músico con sus propios proyectos (Los Eterno, Clovis), amigo de otros muchos -lo que daría para un arsenal de anécdotas- y recientemente editor de libros sobre música con Libros de Ruido, una colección que ha inaugurado con el sensacional Postales negras de Dean Wareham. Pero el tema era hablar de Los Enemigos y a eso nos ceñimos. La entrevista se produjo en el mítico Bar Santos, lugar de parada habitual de mucha gente interesante y donde Fino fue recibido/definido por su propietario con la frase "ésta es la mejor persona de todo el barrio". Aquí la transcripción completa.

(Empezamos hablando de otras cosas, hasta que Fino enlaza con la gira de Enemigos y conecto la grabadora)
Tenemos que tomarlo con calma, para qué vamos a desesperar. Ha sido muy sencillo, muy natural y eso es lo guay. Yo al principio, sinceramente, cuando nos vimos y surgió la idea de tocar, como llevo haciendo muchas cosas desde entonces, yo no escuchaba las canciones, no me sentía, no sabía si me iba a ubicar.  No acabamos mal ni nada,  lo dejamos por cansancio… Si no sientes las canciones, no sabes cómo transmitirlas, no tendría ningún sentido volver . ¿Para qué vamos a pensar ahora si hay que tocar más? Ha merecido la pena y, aunque es un año complicado, toda la experiencia que tenemos de 17 años juntos nos sirvió para saber que, si volvíamos, sería para hacer lo que queríamos hacer. La respuesta ha sido muy buena, todos venimos de sitios muy diferentes pero ahí estamos, con un sonido personal que es lo que hace que esto siga vivo sin hacer nada nuevo.

¿Era mejor tocar antes en Los Enemigos o lo es ahora?
Es diferente. Como cualquier grupo, hemos tenido etapas más intensas, de frustración o de cansancio. Creo que cada momento ha tenido su peculiaridad. Ahora sonamos bien, las sentimos tocándolas. Decía Josele hace poco: “¡Joder, sonamos mejor que antes!”. Yo no sé hasta qué punto pero parece que sí. Supongo que se debe a que todos hemos seguido haciendo música, aprendiendo y evolucionando.

Ahora volvéis a tocar en La Riviera, donde disteis vuestros conciertos de despedida en 2002. Es como regresar a la escena del crimen…
La verdad es que me pongo hasta nervioso. Vamos a tocar once años y veinte días después, como si hubiésemos estado encerrados en el talego (risas). Es curioso, porque ha pasado mucho tiempo y es emocionante. Vamos a hacer dos días, que al principio pensamos si no nos estaríamos pasando, pero a la gente le apetece, tiene  ganas de vernos… Fíjate que rápido pasa el tiempo. Tendremos menos pelo, estaremos más mayores, pero las canciones van a sonar similares. No quiero pensarlo, quiero disfrutarlo y no darle demasiada importancia.

Sinceramente, ¿qué os llevó a regresar?
Pues fue una casualidad, porque hace siete años nos juntamos la formación inicial para hacer unos conciertos de homenaje al álbum “Ferpectamente”, con Artemio a la batería. A mí me llamaban algunos promotores que conozco para volver a juntarnos, tocar “La vida mata” o aprovechar algún aniversario de algún otro disco. Con motivo del concierto de homenaje al Agapo de hace un par de años de pronto se lo comenté a Josele, él me dijo que también le habían hecho ofertas a él y que por qué no hacíamos algo pero bien montado y con la banda con la que estuvimos más tiempo. Si volvíamos, volver con la cabeza bien alta. También había unas ofertas económicas interesantes, eso hay que decirlo, porque nosotros vivimos de esto, pero no en plan “nos lo vamos a llevar”. Las canciones tienen su vigencia, la gente tiene ganas de disfrutar los conciertos… Tiene sentido.

¿Qué balance hacéis de lo que lleváis de gira?
Yo disfruto y creo que los demás también. Estamos flipados porque la gente está respondiendo muy bien, está viviendo las canciones con ganas y eso te sorprende. El otro día en Santiago veía al público y decía “¡madre mía!”, me daba mucho subidón. Eso merece la pena.

¿Es sólo nostalgia o veis una renovación del público?
Hombre, hay gente del pasado sobre todo, pero también público nuevo que nos ve por primera vez. Ahora hay muchos que se han casado o tenido hijos, pero sigue siendo un público muy fiel. Hay incluso un foro con fans de toda España que hace un desencuentro anual.

 ¿Cuál es el futuro de Los Enemigos?
Algo hay planeado. Nunca fuimos mucho de pensar a largo plazo. Ahora mismo lo que sí es verdad es que queremos hacer más conciertos. Va a haber poquito este verano y buscaremos fechas en ciudades importantes muy seguidoras nuestras, como Murcia o Granada, pero sin prisa, porque no hay una ansiedad de decir: “¡Ay, que se van a pasar las canciones!”. Hay una idea de sacar algo. En principio iba a ser un EP, Josele tenía unas canciones con el formato más eléctrico, quedamos un día a ensayar y la onda fue interesante. Pero no vamos a hablar de fechas ni nada. Queremos tener canciones con madera y no sacar cualquier cosa solamente por mantener la película.

Josele vive ahora en Barcelona y los demás en Madrid. ¿Ha cambiado mucho vuestro funcionamiento interno?
Para ensayar es sencillo, nos ponemos de acuerdo vía email para quedar, Josele se viene a Madrid un par de días y nos los pasamos intensivamente en el local. Cuando estábamos en activo en el pasado ensayábamos todos los días, era nuestra vida. En cuanto a la convivencia, ahora estamos más tranquilos. La música de la furgoneta está más baja, las sustancias tóxicas se quedaron en algún sitio… (risas) Pero seguimos siendo partícipes de un proyecto en común y mantenemos la intensidad en directo. Tampoco es necesario que vayamos todos juntos de bares: el rock and roll se puede hacer igual, creo.

Vuestros gustos musicales son muy diferentes ahora mismo. ¿Es difícil confluir en un sonido común?
Curiosamente, el sonido que emitimos es muy peculiar, hay poca gente que lo haga así. Somos muy dispares pero tenemos una comunión en un momento dado en que transmitimos esas canciones juntos de esa manera y todo el mundo echa lo que siente y lo que puede. No es como si fueses un mercenario.

Después de su disolución, nadie ha conseguido tomar el testigo de Los Enemigos. ¿A qué crees que se debe?
No sé por qué, quizás por la forma de cantar y de componer de Josele, que es muy personal. Había un grupo llamado Los Individuos con un estilo muy similar. Pero, no sé, no pasa nada, ¿no?

¿Habéis descubierto cosas en las canciones que en la primera etapa no vieseis de la misma manera?
A la hora de tocarlas sí. Si las sintiésemos automáticas no tendrían viveza. Al retomar “Las tornas” pensé “hostia, cómo suena esto”. Era una época en que nos pasábamos discos de Hüsker Dü y Yo La Tengo. Otras como “Soy un ser humano”, que es un rhtyhm and blues clásico; “Miedo” la tocábamos en directo poco, y también hemos retomado “Mi fraile y yo” y están sonando muy frescas. Yo al principio pensaba que no iba a disfrutarlas porque en los grupos que he hecho después ya toco de otra manera. No sabía si me iba a sentir falso a la hora de hacerlo, pero cuando nos juntamos de repente nos salían enteras.

(Por cierto, el concierto de anoche en La Riviera estuvo de puta madre)


 


lunes, marzo 11, 2013

Entrevista a José Manuel Borrajeros (Laboratorio de Creación Abycine)

La pasada semana, con motivo de este reportaje, le mandé unas preguntas a José Manuel Borrajeros, programador del Abycine de Albacete (festival al que acudí hace unos años, tras una gentil invitación para pinchar, y que me encantó), además de interesante realizador audiovisual, responsable, entre otros, de algunos de los mejores vídeos de Joaquín Pascual. Sus respuestas fueron tan extensas e interesantes que enseguida vi que esto daba lugar a otra entrevista por sí misma que merecería ser publicada, además de constituir una necesaria reivindicación del trabajo que desde Abycine se ha hecho a la hora de crear espectáculos exclusivos con algunos de los músicos más interesantes del país. Aquí la tenéis. 

¿Cómo surgió la idea del Laboratorio de Creación? ¿Os fijasteis en experiencias, nacionales e internacionales, similares? ¿Cuáles? 
La idea surge entre José Manuel Zamora, Director de Abycine, Pedro Mateo y yo, que nos encargamos de parte de la programación del Festival. Aunque hay un precedente claro que nosotros mismos habíamos experimentado un tiempo antes de las propuestas del “Laboratorio de Creación”. Mi compañero de programación Pedro Mateo y yo habíamos trabajado este tipo de formatos visuales en directo para un concierto que dio Mercromina en la Sala Galileo en 2003, Conciertos Únicos se llamaban. En este caso hubo una diferencia sustancial, ya que en esos conciertos fuimos nosotros mismos quienes nos encargamos de rodar todas las imágenes que acompañaban al show. Las proyectamos con monitores de tubo distribuidos por el escenario, rodadas en VHS, y el asunto quedó muy industrial. La puesta en escena de una banda con imágenes en el escenario le daba a la música una dimensión diferente. Después de esta experiencia y una vez dentro de Abycine, le propuse a José Manuel Zamora la idea de dedicar monográficos visuales de directores del gusto de Abycine y, por supuesto, de los músicos, y trasladar así el formato de música y cine en directo a una perspectiva distinta dentro de las salas. Esto confería al espectador una forma nueva de ver películas y conciertos en directo, ya que ofrece la posibilidad de disfrutar de la iconografía de diferentes directores y de escuchar música en vivo. Por otro lado, pensé que a los músicos les podría interesar salir de sus rutinas a la hora de componer. Creo que todos tienen un director o algunas pelis que les han marcado o inspirado de alguna forma o por el que sienten devoción, y también creo que cuando ellos componen para imágenes sienten que pueden explorar otros campos que quizá en los discos no pueden permitirse. Aunque por supuesto, nosotros no inventamos nada, solamente nos lanzamos con una idea bastante primitiva: poner música en directo a un tapiz de imágenes. Al tiempo nos interesamos por un hecho especial de esta naturaleza y es el Disco-DVD que sacó Cinematic Orchestra a propósito de la película de los años 20 de Dziga Vertov: “Man With A Movie Camera”. Cuando vimos el experimento nos sacó de nuestras casillas. Entonces nos lanzamos con la primera producción del Laboratorio de Creación: "Carreteras Perdidas", sobre David Lynch, con música de Joaquín Pascual. Después llegaron el homenaje a Jan Svankmajer por Javier Milla (Chucho), el de Christina Rosenvinge para "Mouchette" de Robert Bresson, el de Fernando Alfaro para Stanley Kubrick, y los dos últimos de Nacho Vegas y de Triángulo de Amor Bizarro, para Mike Leigh y Jodorowski, respectivamente. 



¿Cuáles son los criterios para seleccionar a los músicos y las películas o montajes? Cuando el proyecto empezó a andar nuestra primera propuesta fue para Joaquín Pascual sobre la filmografía de David Lynch, un músico con una capacidad de componer increíble. Quizá ese fue un criterio de acercamiento para arrancar. Después diferentes músicos se fueron interesando por la propuesta y nosotros también nos interesamos por aquéllos que creíamos que les podría interesar. Digamos que ha habido una simbiosis en ese sentido. En cuanto a las películas o directores ha habido casos en los que hemos propuesto nosotros y otros en los que han decidido ellos lo que querían hacer. 

¿Se busca normalmente que los músicos compongan material ad hoc para este concierto? ¿Se suele conseguir? 
Nosotros no buscamos nada que ellos no quieran hacer. Ten en cuenta que las imágenes ya están ahí y son ellos los que tienen que darles otra interpretación. Los conciertos cinematográficos de Abycine son propuestas en las que todo está abierto y todo puede pasar: se puede jugar con las imágenes simplemente, incluir diálogos, incluir canciones de su propio repertorio o composiciones más instrumentales, y es de esa creatividad multiforme de lo que se trata. Normalmente este tipo de propuestas dan la posibilidad de que los músicos se acerquen a otra forma de ver sus propias capacidades, los trasladan directamente a una interpretación de un universo de imágenes, discursivo o de inspiración diferente. Y también te puedo asegurar que he encontrado muchos cinéfilos entre ellos con muchas ganas de acercarse al cine con su música. Pero todo queda al servicio de sus puntos de vista. 

¿Cómo valorarías la experiencia hasta el momento? ¿Qué te han aportado o qué destacarías más, como espectador, de estos espectáculos? 
Bueno, yo no tengo una visión de espectador total en los trabajos que he editado hasta la fecha. Al montar el grueso de imágenes y darles un sentido en virtud de lo que los músicos componen, ésa visión de espectador se difumina en cierta medida, pues no comparto las sensaciones totales que puede sentir quien se sienta en la sala y se enfrenta a lo que está viendo de una forma despreocupada. No obstante, las valoraciones del público siempre han sido muy positivas. Destacaría por encima de muchas cosas que el público siente momentos muy distintas a lo que es un formato de directo al uso, entre las que se encuentran sobre todo un tipo de sensibilidad diferente que va en relación a la mirada entre la pantalla y la música, entre lo que ofrece el montaje y la confluencia de la música en directo. Es un ejercicio en el que el espectador se ve dentro de una sala y va a descubrir algunas cosas nuevas sobre la música y el cine. Muchos me han dicho que no conocían a los directores que hemos trabajado o que les ha sorprendido ver a sus músicos preferidos en esos registros. En cierta medida es como ver cine en directo. Hasta ahora, la mayoría de estos conciertos han sido bastante exclusivos, lo cual no sé hasta qué punto es buscado. 



Triángulo de Amor Bizarro han llevado el espectáculo de Jodorowski al Tanned Tin, Nacho Vegas va a hacer una gira con el de Mike Leigh... ¿qué condicionantes tienen estos montajes para no haber trascender más allá hasta ahora? 
Cuando los programadores de Abycine nos propusimos llevar a cabo estos conciertos cinematográficos, teníamos claro que la exclusividad iba inherente a las propias propuestas. No podía ser de otra manera, ya que somos nosotros quienes ofrecemos la posibilidad de desarrollar los espectáculos y eso es algo que permite a los músicos hacer algo nuevo y único. No es que se busque la exclusividad como una forma de esnobismo gratuito, sino que va impresa en la propia naturaleza de la propuesta: son trabajos singulares que surgen de la posibilidad de interactuar entre el cine y la música, y normalmente los músicos están centrados en sus discos y directos y no se proponen hacer este tipo de cosas si no se les empuja desde otras plataformas. Aunque ahora parece que está habiendo un auge que reafirma todo lo dicho en esta entrevista. Después de tanto tiempo, los músicos van pasando umbrales en sus carreras y supongo que muchos de ellos quieren acercarse a otras fuentes de inspiración, unido esto al reto de hacer interpretaciones o bandas sonoras para imágenes. Con este tipo de ejercicios pueden tomar contacto con esos procesos. Por otro lado, nosotros somos quienes ponemos en marcha este maridaje entre cine y música y no hay promotoras detrás de ningún tipo, es decir, somos productores puramente, pero no promotores. Creo que si algo es interesante debe ser cuidado aunando fuerzas y ahí tendrían que entrar otros agentes para seguir impulsando los proyectos. El caso de Nacho Vegas con Mike Leigh en “La vida es dulce” con la gira que tendrá lugar en abril y el de Triángulo de Amor Bizarro, recientemente programado en Tanned Tin con “Música Pánica” son buenos ejemplos de ello. En ambos casos se da una fusión entre la propuesta en sus primeros pasos y la continuidad de alguien que lo empuja y lo cuida llevándolo de nuevo a escena. Como ya dije antes, parece que las cosas están cambiando al hilo de propuestas venideras, para los músicos y los promotores que quieran apoyar este tipo de espectáculos. Lo cual está dentro de lo razonable, se trata de evolucionar al respecto: lo que se hizo ayer va teniendo sus repercusiones en el presente. La verdad es que llevamos mucho tiempo apostando por ello y ahora parece que se están tomando posiciones interesantes. 

El público... ¿cómo reacciona? 
Su reacción es muy diversa pero siempre en unas constantes más o menos parecidas: por un lado la de haber visto algo diferente y, por otro, dependiendo mucho del espectáculo que están viendo, la sensación de emoción en unos casos como el de Nacho Vegas, de luminosidad u oscuridad en los de Joaquín Pascual) y Triángulo de Amor Bizarro. En el caso de Fernando Alfaro con Stanley Kubrick una forma muy psicoanalítica de ver su compleja filmografía. En general, depende mucho de las diferencias que se dan entre un show y otro, pero siempre prevalece una sensación de haber visto algo de una naturaleza distinta.

domingo, febrero 17, 2013

Crónicas de la Edad de Plata (IV)

La del jueves 14 fue una noche muy intensa, que comenzó muy pronto con el concierto de Metz en Siroco, presentando su álbum de debut para Sub Pop. El trío de Toronto no decepcionó en absoluto, mostrando un espíritu muy Nirvanero en su punkcore cargado de decibelios y frenesí en una sala que se les quedó pequeña: abarrotada hasta lo insoportable, hubo gente que se tuvo que quedar en las escaleras de arriba sin apenas ver. Se ayudaron además por una iluminación ad hoc y un gran sonido para ofrecer un muy buen concierto, aunque poco disfrutado por la incomodidad en la que estábamos todos.

Tras un debut, llegó una despedida. En el Teatro Lara, Nadadora ofrecía su último concierto. No puedo ser muy objetivo con ellos porque, antes que cualquier otra cosa, son amigos míos. Fue un bolo extraño, con el público sentado tímidamente en las butacas hasta que, en la parte final, unos cuantos nos levantamos para arroparles mejor. Quienes les conocemos sabemos los pedazos de vida, los sentimientos que se guardan detrás de sus canciones, esa forma de vitalismo melancólico que ellos han querido preservar a fuego con notas de indie pop y shoegaze. En el Lara se produjo esa retroalimentación emotiva con los fans en una ceremonia que Gonzalo Abalo culminó, con el nudo en la garganta y la lágrima a punto de aflorar, con una lista de agradecimientos a alguna de la gente que ha estado con ellos desde el principio. A mí sólo me queda darles esas gracias de vuelta por sus tres álbumes y todos estos años de conciertos, grandes momentos, y algunas canciones que ya se quedarán ahí para el resto de nuestras vidas. Se negaron a ser fugaces y no, no lo serán.


Parte de ese agradecimiento lo expresamos posteriormente en el Post Party que Inbetween Diyeis y Man Pop amenizamos en el Fotomatón. Una sesión a ocho manos forzosamente caótica pero creo que bastante dinámica y divertida. De entre la variedad de todo lo que sonó, dejo aquí la primera canción que pinché, dedicada no sólo a Nadadora sino también a un amigo ausente esa noche pero con un gran motivo para ello: la felicidad de haber engendrado una nueva vida. Brindemos con alegría.

 
El viernes, The New Raemon tocaba en Joy Eslava y, para la ocasión, se llevó de banda de acompañamiento ni más ni menos que a Maga. Los sevillanos, ya bastante curtidos a lo largo de estos años, son también un grupo muy versátil: se les ha podido ver tocando el repertorio de Golpes Bajos junto a Germán Coppini (y sonando mucho mejor que los propios Golpes en su época) y con Tote King entre otros. Al repertorio de Ramón Rodríguez le dieron un nuevo impulso, sonando con un halo after punk y eléctrico que le vino como anillo al dedo, no sólo a las canciones de “Tinieblas, por fin” (que no fueron tantas como esperaba) como a las anteriores. Cayeron también varios temas que interpretó él solo en acústico, un par de versiones de Maga (una interpretada por Ramón, otra por Miguel Rivera), y el vocalista pareció transmutarse constantemente en Dani Mateo por su propensión a hacer stand up comedy con abundancia de chistes malos. El sonido fue espectacular y éste quedará, seguro, como uno de los mejores conciertos que he visto este año en una noche que culminó de nuevo en el Siroco para presenciar una nueva sesionaza de mi DJ favorita, Blanca DB, cada vez más encaminada hacia el pop electrónico fino y sofisticado. Una garantía siempre.

 
El sábado cambio de tercio total. En horario vespertino y dentro de un curioso evento en El Intruso –un garito relativamente reciente que también está programando conciertos de lo más variado y de artistas minoritarios- pudimos ver a uno de los grandes músicos madrileños de culto. Vadim Tudor (seudónimo bajo el que se esconde Javi, el ya mítico pincha del Gris, no menos mítico pub de Chueca) y que se prodiga muy poco en los escenarios. Como él mismo dijo, “la próxima vez que toque igual alguno de vosotros ya está con Marifé”. Acompañado a las programaciones por Aldo Linares, sedujo con unos sonidos electrónicos que lindaban con lo industrial y unas letras absolutamente personales, entre el humor pazguato (las rimas de “La canción del dolor”), la crítica social (al programa “Tómbola”) o el odio a la vida nocturna, encarnado en un psicópata que, pistola de juguete en mano, amenazó con matarnos a todos. La genialidad de Vadim Tudor es indiscutible más allá de lo humorístico, y también tiene detrás sus cargas de profundidad. El tema “La procesión del silencio” se lo dedicó a Reserva Espiritual de Occidente, protagonistas involuntarios de otra de las noticias más absurdas y preocupantes de esta semana en el underground madrileño. El grupo tuvo que cancelar su concierto previsto el jueves en el Wurlitzer Ballroom por la oleada de amenazas que sala, promotora y banda recibieron por parte de grupos de ultraizquierda que les acusaban, paradójicamente, de hacer apología del fascismo. Con medios tan fascistas les impidieron tocar y volvieron a poner de manifiesto, venga del lado de donde venga, la extrema debilidad mental con la que se juzga a las manifestaciones artísticas, especialmente cuando uno es provocado y reacciona negándose a entender nada y buscando que esa manifestación sea silenciada, borrada de la faz de la tierra, por el pánico que les da verse a sí mismos reflejados en ella.

La crónica empezó en Toronto y en Toronto terminará. Expectante ante la inminente llegada del grupo que, probablemente, mejor está reflejando el espíritu de los tiempos, o al menos el que, con su confrontación y su melancolía trance, mejor está consiguiendo conectar con mi visión del mundo. Velando armas para que Crystal Castles me vuelvan a volar la puta cabeza. Hasta entonces.


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miércoles, febrero 06, 2013

Crónicas de la Edad de Plata (III)

Comencé y terminé esta semana con, de momento –ya sé que llevamos poco, pero es así- los dos mejores conciertos que he visto este año: Patrick Wolf y Vinicio Capossela. Para mis impresiones sobre ambos os remito al Rockdelux de marzo, y salto hasta el pasado jueves, cuando, previo paso por Génova para gritarles a los antidisturbios que era a los delincuentes a quienes protegen y a los que les pagamos a quienes reprimen, me acerqué de nuevo a la sala El Sol para ver el concierto de Josele Santiago y Very Pomelo. Una cosa que me hizo despertar el interés fue ver que en la revista Ruta 66 lo habían elegido como mejor directo del año, y puedo entender por qué, y también las razones por las que también le vi sus pegas (no soy de gusto nada rutero actualmente, confieso). A favor: el último álbum de Josele, “Lecciones de vértigo”, me parece lo mejor que ha hecho en solitario y creo que no se le ha tratado con la suficiente justicia. Me molaba, por otra parte, verle cómo defendía sus canciones con otra banda, joven y genuinamente rockera. En ese sentido, Very Pomelo cubrieron muy bien su función y le dotaron de una electricidad y una energía de la que su repertorio en solitario carecía, llegando a acercarlo a Los Enemigos como no había sucedido hasta el momento. En contra: que, en realidad, se alternó el repertorio de los dos grupos y cada vez que caía un tema de Very Pomelo, el gatillazo era inevitable. Los catalanes me parecieron una banda de rock a la vieja usanza, onda sureña, muy solvente. Su líder tiene carisma de estrella, aunque –es prejuicio mío, reconozco- la trompeta sobra. Pero su estilo, parte Black Crowes, parte los M-Clan menos pijos, parte Corizonas, me cansa a partir de un punto, sobre todo en momentos finales en los que se gustaban demasiado a sí mismos haciendo jams. Igual es que era tarde y yo ya no estaba para eso. Por cierto, que han remodelado la zona de entrada en la sala Sol y ahora se está más cómodo y aireado. Y, que no me olvide, el sarao sirvió también como fiesta del programa de Radio 3 "Hoy empieza  todo".




El sábado, en la sala Taboo, que hacía años que no pisaba, se presentaba “Cómo ve el mundo un caballo”, segundo álbum de los sevillanos Blacanova, uno de mis grupos favoritos de la actualidad. Nos quedamos muy poca gente a verlos, menos de la que había estado antes con dos teloneros absurdos de cuyo nombre no quiero acordarme (la proposición de esta sección es hablar en positivo en la medida de lo posible). Ha habido cambios en el grupo (su ex guitarrista está ahora con I Am Dive, otra banda muy interesante), pero les he visto sonar bastante mejor que la vez anterior que les había visto. A su combinación entre shoegaze y sonidos after punk añaden ahora unos estallidos post-rock que funcionan muy bien en directo. La principal rémora es que sus voces quedan demasiado tapadas e inaudibles, algo que no percibo como una opción estética voluntaria (podría serlo) y, llamadme frívolo, pero la imagen de su pareja de vocalistas no pega con la del resto de la banda, de negro impoluto como debe ser. Pese a lo tardío del concierto, se le pudo seguir sacando partido a la noche con dos propuestas que me apetece citar: en el Fotomatón hubo una fiesta a favor de la inminente tercera edición del Madrid Popfest, una iniciativa autogestionaria y horizontal gestada desde las trincheras, que tiene las ideas muy claras, y que empieza a hacerse ya su hueco como un joven clásico en la escena madrileña. Luego, en Siroco se abría un nuevo evento periódico, Let’s Dance, que promete. Hubo música electrónica, estuvo petado hasta lo indecible e incluso algún asistente llevó el dress code que se pedía y apareció disfrazado de robot.

Uno de los sitios que más cosas interesantes está haciendo y que está mostrando una sensibilidad más especial hacia la cultura pop es el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles. Allí se celebró en su momento la excelente exposición sobre Sonic Youth, en la época de buen tiempo hacen conciertos majísimos en la terraza del edificio (aún recuerdo disfrutar a ras del suelo de Los Punsetes y Mano de Obra la pasada primavera) y actualmente, hasta el 21 de abril, tienen la exposición “PopPolitics: Activismos a 33 revoluciones”. Es un cajón de sastre dentro del amplio espectro de política y cultura pop, con cosas de interés desigual, pero algunas que me han llamado la atención, como las referencias a la pista de baile como espacio de libertad, los casos de los fans chicanos de los Smiths y los fans rusos de Depeche Mode con todas sus implicaciones de resistencia política (del primer caso se ha hablado más, pero el segundo era semidesconocido para la mayoría) y, sobre todo, las fotos de Ryan McGinley que ilustran el cartel y que muestran a los fans como sujetos activos en el flujo de información en la música en directo, un aspecto que los medios cada vez estamos ninguneando más.

Precisamente con motivo de esta exposición, comienza ahora cada domingo el ciclo “Revolución subterránea.La celebración de un incendio”, en el que se proyectarán varias películas relacionadas con pop y política, acompañadas de coloquios con diferentes figuras. La inauguración llegó con una propuesta sorpresa: a J de Los Planetas se le daba carta blanca para que comentase lo que se suponía que iban a ser una serie de vídeos de su elección. Sin embargo, él optó por una jugada más de colocar a sus fans (que eran, básicamente, quienes llenaron la sala de proyecciones) contra la pared y meterles “La sociedad del espectáculo” de Guy Debord. Esto es, la película que el filósofo francés realizó en 1973 tras editar el libro con ese mismo título y que se considera el estandarte del situacionismo. Un filme bastante radical y con unas ideas muy interesantes tanto a nivel de filosofía política de la revolución como de teoría del arte y la sociedad y del que, no obstante, luego no habló prácticamente nada. En un coloquio que fue moderado por mi compañero Víctor Lenore se habló más del indie en España, de Los Planetas y de la visión de la política actual que tiene J (con un discurso tan peculiarmente articulado como el que desarrolla aquí). En cierto modo, en su actitud se dan la mano el anarquista escéptico, el revolucionario de salón, el pasota acomodado para el que el mayor acto de resistencia es decir “yo me bajo del tren y me quedo debajo de la parra al solete con mi guitarra”, el idealista que roza lo ingenuo y el pensador lúcido que lo clava, por ejemplo, cuando afirma que Telefónica es la Estrella de la Muerte a la que hay que combatir. Algunas consideraciones que me llamaron la atención:

-Pese a que Lenore le intentaba tirar de la lengua para que lo desmitificara, sigue creyendo en el indie español de los 90 como un movimiento que tuvo peso político, incluyendo sus propios discos desde el principio. Dice que en el “Súper 8” había varios temas con una intención social clarísima, pero no señaló cuáles. Prefiere que el público lo averigüemos por nosotros mismos.

-Considera que todas sus canciones hablan, básicamente, sobre la imposibilidad del amor en la sociedad capitalista moderna, y por eso su voz es un quiero y no puedo que casi no se distingue entre toda la maraña sónica.

-“Los gitanos fueron los primeros indies”

-Nunca en su vida ha votado. “No vamos encima a votar a los que nos roban para decirles que nos parece bien”.

Y ahora os dejo, que voy a fantasear un rato con que asisto a un concierto de Vinicio Capossela en una taberna portuaria en Tesalónica con marineros, putas, borrachos y fumadores de hachís, de repente todo el mundo se levanta a cantar y bailar, tras airear con melancolía las penas de amores entre la niebla el furor etílico aumenta, los cánticos empiezan a apelar a la revolución y, entre abrazos y besos, se lanzan a las calles, y, de repente, en todo el sur de Europa está pasando eso mismo y Ángela Merkel arde en cólera y dice que eso no se puede permitir y coge el teléfono rojo y todos los gobernantes llaman al orden pero los antidisturbios se contagian de la orgía general mientras les tiran rosas empapadas en alcohol, se quitan sus cascos y sus uniformes y se ponen a bailar con el pueblo y se hacen hogueras en las plazas y una carcajada gigantesca termina escuchándose en el planeta entero y...... riiiiiiiiiiiing!!!!!!!!!!!!!!!!!

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martes, enero 29, 2013

Crónicas de la Edad de Plata (II)

Cuatro días antes de que se cayera el techo de la Plaza de las Ventas, Dominique A volvía a tocar en Madrid. Le he visto bastantes veces y en muchos formatos diferentes, pero ha sido las últimas veces cuando más me ha gustado. No fue éste mi concierto favorito: lo supera el del Neu! Club en 2010, básicamente por dos razones: el sonido y la comodidad de la sala era muy superior al de la infame Arena y, además, era la gira de presentación del que sigue siendo mi álbum favorito suyo, "La musique" (nunca olvidaré la interpretación de la soberbia "Immortels" aquella noche). Pero este concierto también fue fabuloso, con una atmósfera de celebración de fin de gira y propinas finales con rescates de viejos clásicos. He escrito una crónica más pormenorizada que saldrá este viernes en La Luna de Metrópoli. Sólo añadir que Dominique A, consolidado como un grande, nos trajo la luz.


Carrera subiendo la Gran Vía para llegar a El Sol, donde continuaba el ciclo de conciertos Dichosos 90's, en esta ocasión con Mala Rodríguez, que llevaba bastante tiempo sin tocar en Madrid. (Vale, ella misma lo dijo, su primer disco es del 2000 y no sabía por qué la habían invitado para ese ciclo, pero una vez que lo han hecho aceptemos la trampa en nuestro provecho). Vimos a la mejor Mala posible, algo por lo que no las tenía todas conmigo, ya que su evolución a partir de "Malamarismo" parecía llevarla por el camino de un mestizaje empanado en una especie de galimatías místico que tocó fondo con "Dirty bailarina". Siempre me han gustado mucho sus directos cuando más básicos, y éste lo fue a saco: tan sólo ella y un DJ (Jekey). Hubo un par de "featurings" de Kultama y Chulito Camacho que se hicieron innecesarios aunque, a su manera, sirvieron para rendir tributo a "Lujo ibérico", que fue el álbum más representado. Con sudadera blanca y gorra, volvimos a ver a la Mala Rodríguez más de barrio, la misma que me conquistó por primera vez en la misma sala hace 13 años. Cañera, deslenguada, provocadora ("Tiene que haber indignación, pero no sólo eso. Hay que cortar cuellos. Sí, ¡qué pasa! Estoy fomentando la violencia. Eso estoy diciendo: ¡que me comáis el coño!", lanzó antes de interpretar "Con los ojos de engañá"). Otro momento culminante fue cuando invitó a todas las chicas que quisieran a subirse al escenario mientras cantaba lo de "en este corral yo soy el gallo", en un gesto plagado de poder que justo llega coincidiendo con el planteamiento del debate sobre el sexismo en las culturas alternativas.

 
En ese sentido, la figura de María Rodríguez como modelo de rol me sigue pareciendo incuestionable. No sólo ha conseguido trascender los límites del hip hop en cuanto a alcance hacia otros públicos (entre los asistente a El Sol había de todo), sino que consigue conectar de una forma muy potente entre las chicas: había mayoría de público femenino, que cantaba, bailaba y festejaba las letras, apropiándose de ellas y reivindicando su individualidad. "Eh, como lo sabía yo/ tengo lo que tú quieres", "Soy la cocinera de tus mejores platos/ deja que te empape con lo que yo me empapo", "Tengo un trato/ lo mío pa mi saco". Ya sabéis lo que os digo. La Mala volvió a marcar el minuto y, como regalo, ofreció un único bis con un contundente tema nuevo, "La rata", que en realidad creo que no es tan nuevo, ya que me suena de haberlo escuchado en conciertos de la gira anterior. Así finalizó la noche:


Completamente diferente fue lo visto el viernes en el mismo lugar. El concierto de reunión de Automatics (de momento, único y exclusivo) fue más reseñable como acontecimiento en sí que por su propio carácter musical. Al parecer, no estaban todos los miembros originales del grupo liderado por José Lozano, y algunos de ellos fueron sustituidos por componentes de Universal Circus, su banda posterior. Me gustaron mucho Automatics en su momento, pero al volver a verlos años después lo cierto es que en lo que más pensé es en lo mucho que hemos cambiado y en la bisoñez que tenía (¿teníamos?) en los 90. El concierto pareció más una excusa para una reunión entre amigos que hacía tiempo que no se veían que otra cosa. Pero me sorprendió agradablemente ver su poder de convocatoria (lleno absoluto) y que fuese, probablemente, el concierto en el que a más cabecillas de sellos discográficos he visto. No pude evitar la broma de comentar con mis colegas lo de "ey, cuando termine nos vamos al Maravillas, ¿no?". Y, en realidad, también fue muy festejado, como podéis comprobar en este vídeo colgado por uno de los ilustres asistentes, Rafa Skam:


Y doble cartel con bandas noveles el sábado en El Juglar, en Lavapiés. La abrieron los zamoranos El Lado Oscuro de la Broca, una agradabilísima sorpresa con su rescate de sonidos pseudo siniestros con shoegaze, noise y reflexiones existenciales cargadas de intensidad. Para el poco tiempo que llevan (creo), tienen ya un magnífico sonido en directo y, desde luego, es un grupo a seguir para quienes nos gusta este estilo. Ilusionante sold out en la sala, además, que certifica el excelente trabajo que está haciendo su promotora, Isabel Moreno (que, aunque sea mi amiga, lo cortés no quita lo valiente a la hora de decirlo).
Tras ellos salieron TourmaleT,  también amigos y un grupo al que he venido siguiendo desde el principio. La verdad es que es un gustazo ver cómo, concierto a concierto, van adquiriendo cada vez más seriedad y solvencia en el escenario. Su noise rock de la Alcarria va progresando y adquiriendo elementos más oscuros (cosas que me recuerdan a Joy Division o The Velvet Underground) y ya va habiendo ganas de escucharles más y más temas nuevos. Mola terminar hablando de futuro en un post como éste, tan invadido por la nostalgia del pasado.

                                          (Foto por Alfredo Arias)

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martes, enero 22, 2013

Crónicas de la Edad de Plata (I)


Comienzo aquí una nueva sub sección dentro del blog. "Crónicas de la Edad de Plata" es un título que vuelve a jugar, una vez más, con la inspiración de James Murphy (en este caso, de su álbum "Sound Of Silver") y, al tiempo, lo utilizo para ironizar con que, si ya vivimos supuestamente una Edad de Oro cuando Paloma Chamorro hizo su programa en TVE a mediados de los 80, ésta sería la de Plata en cuanto a movimiento digamos de cultura más o menos underground.

 Ah... pero.... ¿hay movimiento? Pues, aunque no se lo crean, y por mucho que los poderes públicos se empeñen en impedirlo, todavía sí, contra viento y marea. Lo cual es digno de celebrar y de divulgar. Así, pues, la idea de esto es, aprovechando mi (todavía, ya veremos por cuánto tiempo más) posición privilegiada de periodista cultural que vive a Madrid y con acceso a bastantes cosas, intentar narrar semana a semana y desde un punto de vista siempre en primera persona, lo que me voy encontrando en esto que ante los amigos suelo calificar como Festival Permanente. Vamos a ello.




"Va a ser muy difícil encontrar un público que entienda que la música en vivo es la llave de nuestro futuro. Si la tendencia presente es el acceso libre a la música y nadie paga a la gente para que cree cosas nuevas y continúe, todo va a terminar en un mundo de copiar y samplear, y eso, en última instancia, será la muerte del arte. Al mismo tiempo, eso te está negando a ti mismo, negando el compartir con otros fans todo el aspecto social de conocer a otra gente en una sala de conciertos. Tienes que sacar tu cara de la pantalla del ordenador y mostrarla al mundo real" (John Lydon, entrevista en Rockdelux. Julio de 2012)

  
"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas" (Jack Kerouac, "En el camino", 1957)

"Este florecer de la juventud no durará para siempre" (Guy Debord, citado en "Rastros de carmín", de Greil Marcus. 1989)

La Edad de Plata

Si prácticamente cerré 2012 con la sobredosis de colas y control policial del último Primavera Club que se hará aquí, hay otro tipo de iniciativas dadas a dignificar la música independiente que hay que tener en cuenta. Una de ellas es el ciclo "A las veinte cero cero" que se desarrolla en los Museos del Romanticismo y Cerralbo, y donde se puede ver gratuitamente a artistas de nuestra escena indie un tanto descontextualizados -se me ocurre pensar en la peli "Maria Antonieta" de Sofia Coppola- en lujosos salones de siglos pasados. Tras ver en su momento a Single y Wild Honey, el pasado miércoles acudí al concierto de Cuchillo. El público que allí se cita es curioso: junto a personas a las que habitualmente te encuentras en los bolos de esos grupos, vemos -generalmente las primeras filas- ocupadas por gente mayor del tipo de la que se suele ver en otro tipo de actos culturales gratuitos, ajena a esta escena pero, ojo, altamente atenta y respetuosa, y susceptible de irse de ahí habiendo descubierto cosas nuevas. Además, te dan siempre un programa muy chulo, tipo menú de restaurante fino, donde te viene una bío del grupo y las canciones que va a tocar. Un fallo en esta ocasión fue que, como no hay tarima, los grupos tocan a ras de suelo, y en el caso de Cuchillo sus tres miembros lo hacen sentados, no se veía nada salvo que uno estuviese en primera fila. "Encanto", el tercer álbum del grupo, es el que más me gusta de ellos de largo, y fue también el más representado. El sonido no fue el mejor (la voz de Israel Marco no siempre se entendía bien y la batería se pasaba en algún momento de contundente) pero triunfaron en su intimidad y detallismo. De todos modos, a Cuchillo, como buenos fans que son de Popol Vuh, me los fantaseo-imagino tocando a bordo de una barca en el Amazonas o, sin ir más lejos, en un descampado, como en este reciente documental.

Otros irreductibles promotores programan en lugares ya casi fuera del sistema, como La Faena II, un espacio autogestionado junto a un garaje en un callejón en el barrio de Suanzes. Pese a lo aparentemente precario del lugar, lo cierto es que suena muy bien, está todo muy bien organizado y las tres veces que he ido he salido muy contento. El jueves me acerqué a ver un triple cartel con grupos que desconocía completamente, y todos ellos me sorprendieron. En primer lugar salieron Granjaescuela, un dúo madrileño de guitarra y batería, muy cacharreros y con un peculiarísimo sentido del humor, un tanto al estilo de mitos recientes de nuestro underground como Ensaladilla Rusa, aunque algo diferente. La que más me llamó la atención fue una especie de chotis punk haciendo humor absurdo a costa de los modernos de pueblo que les hemos invadido la capital. Luego llegaron Beards, dos chicas y un chico de Leeds, ya más abonados a un sonido riot-punk ligeramente retorcido, un tanto en la línea de Erase Errata. Su principal peculiaridad es que la voz cantante (o, más bien, berreante) la llevaba la batería, una chica menudita pero absolutamente desbordante de rabia. Cerraron la noche los también británicos Cleckhuddersfax, banda de post punk bailable muy colorista y en realidad no tan alejada de muchos de los grupos que vienen por aquí a los macrofestivales indies. En el viaje de vuelta, un conocido me hizo un comentario revelador: "En Berlín iríamos a sitios como éste en plan que es lo puto mejor, pero parece que como es en Madrid nos da pereza y somos incapaces de salir de Malasaña".

El viernes lo comencé viendo el concierto de fin de gira de El Columpio Asesino en Joy Eslava. Arrasaron, como era de esperar. Luego dio tiempo de llegar a ver a Lagartija Nick en la sala El Sol. Fue un bolo especial que se enmarcaba dentro de un ciclo nostálgico, "Aquellos maravillosos 90", con conciertos tirando a exclusivos de grupos que, de un modo u otro, relacionamos con aquella década. La peculiaridad con respecto a la banda granadina era que venía a tocar su primer álbum, "Hipnosis", y que lo hacía con su formación original: junto a Antonio Arias -al bajo- y Eric Jiménez estaban tocando las guitarras Juan Codorniu (con camiseta de Love & Rockets) y M.A. Pareja. Aparte de esta coartada sentimental, lo cierto es que sonó bastante mal todo, y se puso en evidencia que "Hipnosis" es un álbum que ha envejecido bastante peor que "Inercia" o "Su", por ejemplo. También se pudo haber bautizado como Lagartija Nick & Friends, ya que a lo largo del concierto se subieron al escenario Fino Oyonarte, Miguel Pardo de Sex Museum, Ana Curra y Eva Amaral. Nosotros, en cambio, teníamos entre manos otra pachanga entre amigos que nos tocaba más de cerca. Se trataba del primer Redrum Festival, en el que, además de otros colegas y conocidos durante dos noches, estuvimos pinchando los Inbetween Diyeis. Del Redrum me podría extender mucho hablando, simplemente decir que me transmite un espíritu diferente dentro de los locales nocturnos de la capital, pero muy probablemente vuelva a ello en post posteriores.

Pasamos al sábado y al mítico Nasti, allí tocaban Esquimales, un dúo en formato extraño (bajo y guitarra) de letras oscuras y punzantes. No demasiada gente -y un tanto estática- para verlos tanto a ellos como a Franc3s, que venían a presentar oficialmente su segundo álbum, "Campanas de fuego rosa". Son ya unas cuantas las veces que les he visto en directo pero nunca me habían impresionado tanto como ésta. De repente, y como ellos dicen en una de sus letras, todo encajaba como un cadáver pequeño: la visceralidad destartalada, un estilo absolutamente personal (no se parecen realmente a nadie más), eso que en algún momento definí como la belleza del error y una combinación entre fortaleza, agresividad y vulnerabilidad que me sigue resultando difícil de explicar y que como forma de expresión artística me parece muy poderosa. Horas después, intercambiaba unas frases con ellos en la red social y el chico del grupo, Alberto, me decía: "Siento que con las maquetas dimos algunos pasos para inventar nuestro mundo, con el primer disco asomamos la cabeza en él y con éste hemos entrado los tres en él de lleno, y aunque a veces hemos caminado en círculos ahora siento que empezamos a ir hacia delante de verdad sin saber por qué ni hacia donde y estoy muy ilusionado, porque cuando estoy tocando es la única vez que me siento un ser humano, aunque no lo sepa explicar muy bien". No creo que pueda añadir nada más. Hasta la próxima entrega.
 

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