domingo, marzo 05, 2006

La demencia senil de Marguerite Duras

Duras: «Me gusta América y soy de Reagan»

- Un libro rescata las cinco entrevistas que la escritora mantuvo con François Mitterrand - Los textos se recopilan justo cuando se cumple el décimo aniversario de la muerte de ambos y con el título de «La oficina de correos de la calle Dupin»

Javier Gómez

París- Ella, escritora, quería hablar de política. Él, político, prefería divagar sobre literatura. Cinco veces intentaron enhebrar sus soliloquios, cruzar sus afilados floretes de esgrima dialéctica; explosiva y naïve, la de Marguerite Duras; meditada y áspera, la de François Mitterrand. Cinco intentos fallidos por conversar. Cinco monólogos dictados que, sin embargo, dejan hoy, cuando se cumplen 10 años de la muerte de ambos, una obra original, «Le bureau de poste de la rue Dupin». Un caótico concierto con dos partituras sonando a la vez.
La lucha de egos tuvo un primer encuentro en julio de 1985, en la casa de la escritora en el centro de París, y prosiguió en el Palacio del Elíseo, donde Mitterrand había llevado a la izquierda en 1981, por primera vez en medio siglo. Fue el editor de la revista «L’Autre Journal», Michel Butel, quien tuvo la idea de proponer a Marguerite Duras, ya entonces consagrada y reciente vencedora del premio Goncourt con «El amante» (1984), que entrevistara al presidente de la República. Pero dejemos sonar ambas partituras...
Preludio. Mitterrand y Duras reanudan, con estas entrevistas, una amistad que nació 40 años antes a la sombra del peligro nazi. Fue en el piso del presidente socialista en la calle Dupin donde la Sicherheitsdienst, servicio de espionaje nazi, detuvo en 1943 la red de resistencia organizada por Mitterrand. Él se salvó por sólo unas horas, pero en aquella operación cayeron dos amigos. Uno no volvería nunca del campo de concentración. El otro se llamaba Robert Antelme, marido de Duras. A quien el propio Mitterrand ayudó a encontrar en el campo de concentración de Dachau en 1945. Una carta escrita por el político a ambos amigos en 1946, para comentarles su visión de la Liberación, contrasta con el tono más distanciado que guiará sus encuentros: «Lo aburrido es que todo el mundo baila sin cesar [...] el placer termina por agotarse. Espero que Robert siga engordando y retome sus hechuras de benedictino que conoce el pecado».
El libro no es sino una fuga de dos voces, que se dan replica en tonos diferentes. «Me gusta América y soy de Reagan. Su lenguaje es claro como el campo. Representa un poder primario», le espetó la escritora. Mitterrand, apenas disimulando su disgusto, replicó: «La idea imperial es un mal que corroe» y «Reagan no es Estados Unidos».
Uno es contrapunto del otro. Duras se había convertido en una ardiente defensora del idealismo anticomunista del conservadurismo norteamericano. «La actitud de Gadafi es una mentira [...] y una llamada al asesinato. Él es el responsable del bombardeo norteamericano en Libia». La flema de Mitterrand no podía aceptarlo: «Hay que destruir al terrorismo, pero ni por instinto ni por razón amo las represalias colectivas que golpean a gente sin culpa».
Encuentro imposible. Los textos son imprescindibles para entender la pugna ideológica entre ambos. Duras encarnaba a la izquierda que combatió a la Francia colaboracionista, fue expulsada del Partido Comunista, se ilusionó con mayo del 68, idealizó a Mitterrand y terminó desencantada en medio de un pastiche ideológico próximo a la derecha pero que seguía reivindicándose progresista. Mitterrand era el arte de lo posible, la contradicción, el cinismo del poder. También hubo momentos distendidos. Mitterrand descuelga el teléfono en presencia de Duras. «No, señora, su falda plisada no estará lista para el lunes». Ante las cejas arqueadas de su interlocutora, la sonrisa del jefe de Estado: «Es que mi número directo difiere sólo de una cifra con el de una tintorería de la calle Faubourg Saint-Honoré».
Conclusiones: «¡Usted siempre se niega a hablar del poder político!», llegó a encresparse Duras, quien decía de sí misma que era «sólo una escritora. Nada más que valga la pena recordar». Probablemente, Mitterrand también; y su mejor y único personaje, él mismo. Quizá por eso, cuando Duras quería hablar de política, desvestir sus contra dicciones y recordarle un idealismo que él también compartió, Mitterrand resoplaba. Él prefería divagar sobre literatura.

Jeanne Moreau, embajadora de la autora en españa
Pocas semanas antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, el 4 de abril de 1914,
una pareja de franceses daba a luz en Gia Dinh, cerca de Saigón, a Marguerite Donnadieu. El 4 de abril de 1914, París lloraba la muerte de la misma Marguerite que había abrazado el apellido Duras en homenaje al pueblo donde pasó los veranos de su niñez, tras haber dado su primeros pasos en Vietnan. Un decenio después de su muerte, el Instituto Francés de Madrid rememora a aquella escritora, directora, guionista y crítica con un ambicioso ciclo tan multidisciplinar como su carrera. Jeanne Moreau abrirá mañana la puerta al homenaje con la presentación del largometraje «Cet amour-lá», de Josée Dayan (2001). La actriz francesa participará también en la mesa redonda «Donnadieu, Duras, Andesmas», junto a Laure Adler, Adolfo Arrieta, Josée Dayan y Vicente Molina Foix. Hasta el 30 de marzo podrán verse en la sala de proyecciones todas sus películas como directora -«Nathalie Granger» (1972), «India song» (1975), «Le camion» (1977)- y guionista -«Hiroshima mon amour» (1959), de Alain Resnais, «L´amant» (1991), de Jean Jacques Annaud-, así como diversos documentales que giran en torno a su figura:- «J´ai vu tuer Ben Barka» (2005), de Serge Le Péron-, entre otras. Grandes nombres de las letras y las cinematografías españolas y francesas aportarán su visión sobre el «universo Duras». Edgar Morin, Juan Goytisolo, Soledad Puértolas, Claude Regy y Benoit Jacquot, entre muchos otros, profundizarán en la importancia de oriente en la obra de Duras, así como la relación que mantuvo con distintos directores, sus creaciones para la escena y aportaciones como crítica. Por último, los archivos conservados en el Institut Mémoires de l´edition contemporaine y las fotografías de Jean Mascolo permitirán realizar, a través de una exposición, su recorrido vital y profesional, desde la infancia en Indochina hasta los platós de cine.

(Publicado hoy en La Razón)

Canción del día:"Invierno #3" (Nadadora)

Frase del día: "En España se propicia una revolución nihilista y laicista" (Antonio Cañizares, Primado de España y cardenal)

6 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pues el Mitterrand de julio de 1985 tampoco andaba muy fino que digamos. En ese mes los servicios secretos franceses hundieron el "Rainbow Warrior", buque insignia de Greenpeace, asesinando a un colaborador de la ONG...

6:53 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Que interesante...lo primero será enterarme de donde esta el instituto francés de madrid, lo segundo intentar ver de nuevo indian song y el resto de de peliculas dirigidas por la Durás que no he visto...
Aprovecho que te scribo para decirte que la película de Malick,a la que una amable amiga me invitó,es una obra sugerente y creo que bastante incomprendida.A ti te dará bastante palo verla pero yo creo que al margen de gustos es un filme que podría suscitar numerosas e interesantes reflexiones y/o discusiones...y bueno, si con la de malick no puedes a las de Durás ni te acerques...;-)
1saludo!

10:24 p. m.  
Blogger David said...

El Instituto Francés de Madrid está en Marqués de la Ensenada 12 (Colón), y hacen cosas bastante interesantes.
Creo que fue el Alto, mismamente, quien vio una peli de Duras en el CGAI hace años y ya me dijo que ni de coña la viera.
Tengo curiosidad por ver las primeras pelis de Malick (más que ésta de la Pocahontas y el Colin Farrel). "La delgada línea roja",que es la única que he visto, me pareció pedante y aburrida.

1:50 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Ay, qué bajónla primera frase de tu entrada. Con lo fan que soy (¿era ya?) de Duras... A veces preferiría que mis ídolos no abrieran la boca. Esto me pasa por mitómana.

11:27 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Lo primero que se me ocurre es que de un artista nunca te podrás quedar con todo, su obra y todas sus opiniones. Son como los amigos los tienes que coger como son, y no esperar estar siempre de acuerdo con todo.

Y bueno, mi teoría es que Francia no es tan imperialista y prepotente como Estados Unidos, simplemente porque no puede y no le alcanza. Pero no es por falta de ganas.

Y Mitterrand es un gran ejemplo de perfecto cabrón con delirios cesaristas....

12:13 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Jo! un ciclo de marguerite duras, la verdad es que tiene algunos títulos bastante difíciles, recuerdo ver india song en el cgai, al principio había como 20 personas, al final nos quedamos 4 en la sala, entre ellos, el propio jaime del cgai. Yo sufrí un shock de estos de dios mio todo se me escapa, me estan tomando el pelo, pero alucino. Lo mismo con Nathalie Grangier, esta es mucho más lineal, más ortodoxa, pero igual de fascinante. Si te cruzas con jeanne moreau por ahí dale mi número de movil y dile que me ofrezco a ser su yann andréa particular... ;)

1:30 p. m.  

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