martes, octubre 06, 2009

"Los límites del control", de Jim Jarmusch. "Usted no habla español, ¿verdad?"

"Los límites del control" es la más radical de las películas hechas por Jim Jarmusch, pero también la más cerebral y, valga la referencia a su título, controlada. Por momentos hasta un punto excesivo. El director de "Noche en la tierra", "Bajo el peso de la ley" o "Flores rotas" ya ha explicado suficientemente el método e intenciones de su film y, en ese aspecto, no hay trampa ni cartón... ni opción a la sorpresa: es exactamente lo que dice.

Jarmusch concibe "Los límites del control" como una partitura musical, con sus variaciones y cierta repetición de elementos -todo ello aderezado, por cierto, con temas de Boris y Sunn 0)))-, algo que enseguida adquiere ese punto tan secamente hilarante que caracteriza al director. Isaach de Bankolé, cuyo personaje es impasible y metódico hasta el esperpento, es como una mezcla entre Ghost Dog y "El reportero" de Antonioni en una especie de road-movie por España. Es un hombre con una misión misteriosa que, en su camino, se va encontrando con una serie de personajes extraños, salidos como de una ensoñación, con los que intercambia una caja de cerillas con un papel dentro. Cada uno de ellos le suelta un monólogo, sobre la música, el cine, la ciencia, la bohemia o las drogas (en un tono un poco Hal Hartley), antes de que él prosiga su camino. Es especialmente reseñable (aunque ni por asomo, la mejor) la aparición de una Tilda Swinton paródicamente glamurosa que, en unos pocos minutos, le suelta referencias a Hitchcock, Welles, Tarkovski y Kaurismaki y luego se va. De todos esos secundarios, probablemente el mejor sea Luis Tosar como el inquietante "hombre del violín".

Es una fórmula ingeniosa pero, para lo que suele ser habitual en Jarmusch, al final demasiado cerrada y evidente. Sus intenciones finales (hablar de una rebelión internacional de la imaginación, el arte y la libertad contra El Poder, contra aquellos que se creen en posesión del control de la racionalidad y del mundo) quedan demasiado claras. Al tiempo, siempre deja la sensación de que el estilo se impone al contenido, lo hermético de la estructura y el concepto termina por comerse completamente la magia y las emociones. Buscando una analogía con la música, ésta película sería un ejercicio de estilo intelectual y conceptual como los de estos grupos de Southern Lord (lo siento, yo los veo así), mientras que "Noche en la tierra", por ejemplo, sería una locura visceral como las de Tom Waits.

Idea también alargada en exceso (se lleva hasta el formato largo pero se podría resumir en diez minutos) y con cierto aire de divertimento turístico que no se puede disimular, es disfrutable si uno se deja llevar por el hipnotismo visual y sensorial, arma indeleble de Jarmusch que, además, por primera vez se alía con la fotografía del gran Christopher Doyle. Entre ambos, por ejemplo, consiguen que la Plaza de San Ildefonso adquiera una inquietante extrañeza y pase a la posteridad, a la iconografía cinéfila, desde el momento en que Isaach de Bankolé se sienta en una terraza y pide dos espressos en tazas separadas hasta que Tilda Swinton le suelta que las mejores películas son como sueños que nunca sabes si en realidad has tenido.

Frase del día: ésta misma que acabo de poner.

Canción del día:
"Todos los días tengo un accidente" (Joaquín Pascual)

4 Comments:

Anonymous calros said...

Tosar hace de engañabaldosas.

1:42 p. m.  
Blogger supersalvajuan said...

El periodo de recuperación. Qué grandes son los de Albacete!!!

7:42 p. m.  
Anonymous banshee beat said...

Pues a mi me ha fascinado como madrileña emigrada la visión que da de Madrid.

1:56 a. m.  
Blogger Rizomantico said...

Lo de Sunn O))) son dos fragmentitos de dos canciones a dúo con Boris. Como crédito pesa tanto igual que Schubert o La macarena.
Digamos que el trabajo exclusivo sobre la peli lo hicieron solo los Boris.

2:35 a. m.  

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