sábado, marzo 28, 2009

"Dream Baby Dream" (II)

Si alguna vez tuviese que seleccionar los, pongamos, cinco momentos más intensos que recuerdo haber vivido en conciertos, éste sigue siendo uno de ellos. Acabo de revivirlo gracias al magnífico libro “Bruce Springsteen On Tour. 1968-2005” (gracias Jose, Mamen, Marta), un tochazo escrito por Dave Marsh que rememora la carrera del Boss a lo largo de cada una de sus giras, con exhaustividad de datos y, al tiempo, una perspectiva personal no exenta de crítica cuando ésta es merecida, y que consigue explicar muy bien por qué él es el mejor artista en directo de la historia del rock. Los fans catalanes, por cierto, se mostrarán encantados en sus comentarios sobre el famoso concierto de 1981 en Badalona, que el crítico celebra como el mejor (no sólo de Bruce, sino en general) que ha visto en toda su vida, y relacionándolo con los aires de libertad e ilusión que, ay, resplandecían en la noche juvenil de nuestra democracia.

Pero a lo que iba. El recorrido finaliza en la gira acústica en solitario de “Devils & Dust”. A medida que paso las páginas, no hay ninguna referencia a su versión de “Dream Baby Dream”. Había que llegar hasta el final del libro, donde narra un concierto en Nueva Jersey. Aquí va.

(...) “Saludó varias veces a los espectadores y luego se sentó ante el armonio y arrancó a tocar un pegadizo seesaw riff. Tras unos cuantos compases, cantó. “Sueña, pequeño, suela. Sueña, pequeño, sueña. Vamos y sueña, pequeño, sueña”.

Eso fue todo lo que cantó, esas líneas solamente, repetidas una y otra vez. Tras un par de minutos, añadió algunas frases a lo que Alan Vega originalmente escribió cuando compuso la canción para Suicide, su grupo post-punk: “Mantén el fuego ardiendo, tienes que mantener la luz ardiendo, vamos, tienes que mantener el fuego ardiendo, vamos, sueña, pequeño, sueña”.

Nos invitó a secarnos los ojos –al fin y al cabo éramos los bebés a quienes arrullaba, cada uno de nosotros convertidos en niños pequeños, incluso, o especialmente, si también éramos padres-. “Vamos, ven y abre tu corazón, abre tu corazón, vamos, abre tu corazón. Continúa soñando, pequeño. Sí, yo tan sólo quiero verte sonreír. Sí, tan sólo quiero verte sonreír. Sí, tan sólo quiero verte sonreír. Vamos, continúa soñando, cariño”.

Se encendieron las luces de la sala. Bruce se levantó y empezó a recorrer circunspecto el escenario, con la cabeza alta, como si quisiera mirar a los ojos incluso a aquellos espectadores que ocupaban las localidades más económicas. Fue un canto, una exhortación, una conferencia, una crítica a la forma en que vivimos el día a día. Fue el ofrecimiento de una nueva oportunidad. El armonio continuó sonando, alcanzando un punto álgido y luego sobrepasándolo, una y otra vez. Ahora alguien lo toaba desde fuera del escenario, y la sensación que producía la música, sonando por sí sola, parecía encerrar la visión de Bruce Springsteen junto al resto de nosotros.

“¡Vamos, abre tu corazón! ¡Vamos, abre tu corazón! ¡Vamos, abre tu corazón!”. Springsteen cantó esa frase al menos una docena de veces, y no paraba. Y al mirar a la gente a tu alrededor, veías en sus ojos lo mismo que sentías en ese momento, mientras las lágrima bañaban nuestras mejillas y las sonrisas, a las que el nos animaba, afloraban en nuestros rostros, atónitos, envueltos en la luz que emergía de aquel espectáculo tan oscuro.

Diez minutos después, Bruce seguía cantando, insistiendo en que quería vernos sonreír; aunque, de hecho, él no sonreía. Insistía en que debíamos enjuagarnos las lágrimas, en que teníamos que avivar nuestro fuego. Nos exhortó a soñar. Nos preguntó qué estábamos haciendo con nuestras vidas, cómo empleábamos nuestro tiempo. No gritó. No predicó ni despotricó. Sólo cantó.

“Come on and dream baby dream”, cantó con suavidad por última vez. Y luego se despidió del público con una reverencia. El armonio, sin embargo, siguió sonando; la música, no las palabras, fueron la última cosa que nos ofreció.

Algunos quizá lo llamarían una bendición. Yo lo llamaría una definición.

Bruce Springsteen es un verbo. Sus significados primordiales son: soñar y vivir. Vivir el sueño”.

Dream Baby Dream

2 Comments:

Anonymous alberto said...

En este mundo asquerosamente metafórico, lo que hay que hacer es pegarle un tiro a más de un banquero... Que para sueños ya me llega con los anuncios del caribe

6:07 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Cantada por Suicide, el sueño parecía una incitación a la aventura. En la versión de Bruce suena más bien a escondite. En el primer caso afirmación onírica del placer, y en el segundo negación histérica de la desolación.

8:30 p. m.  

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