miércoles, marzo 18, 2009

"La clase", de Laurent Cantet/ "Gran Torino", de Clint Eastwood. Dos formas de enfrentarse a la multiculturalidad.

Desde cánones muy diferentes (el del neorrealismo social en el primer caso y el del cine clásico norteamericano en el segundo), los últimos films de Laurent Cantet y Clint Eastwood –también habría que sumar “The Visitor”, anteriormente comentada aquí- nos muestran dos modelos con los que el cine actual se está enfrentando a un tema fundamental del momento: cómo adaptarse a una sociedad multicultural que ya está aquí y no tiene vuelta atrás.

“La clase” (“Entre les murs” en el título original) reinventa un género poco considerado pero muy explotado. Podemos denominarlo género escolar. Frente a la perspectiva estadounidense (que ha creado héroes como el Sydney Poitier de “Rebelión en las aulas”, la Michelle Pfeiffer de “Mentes peligrosas” o el Robin Williams de “El club de los poetas muertos”), la perspectiva francesa se ha metido en fregados de mayor calado social, filosófico o incluso poético. Históricamente, “Cero en conducta” de Jean Vigo y, en los últimos años, “Ser y tener”, documental de Nicolas Philibert, y la emblemática “Hoy empieza todo” de Bertrand Tavernier son modelos ejemplares a los que el film de Cantet incluso supera en todos los ámbitos.

Creo que ya se ha hablado suficientemente de todas las virtudes de “La clase” desde que ganase la Palma de Oro en Cannes, copando con unanimidad todas las listas de los críticos hasta hoy en día. No seré yo quien niegue ninguna de ellas ni creo que aporte nada nuevo. Sólo recordar que, si es imprescindible y necesaria, lo es por la naturalidad con que, entre esos muros, construye un microcosmos de la sociedad francesa (o europea) y, sin atreverse a dar respuestas, plantea con sensibilidad e inteligencia conflictos y desafíos sobre el presente y el futuro, suma a lo estresante de la comunicación intergeneracional las tensiones entre los diferentes orígenes sociales y étnicos en un entorno de readaptación al imperio de la corrección política, y vuelve a abrir el debate sobre el eterno conflicto entre diálogo y autoridad a la hora de mantener el control/ orden social. Demasiados temas y demasiado importantes como para analizarlos con rapidez y ligereza. No, no hay agresiones a profesores grabadas con móvil, para quien las busque: una realidad española, aún no sé si anecdótica, que en caso de adaptarse al cine de aquí habría que hacerlo con muchísimo tino.

Pese a su tono documentalista y su ausencia de acción según las concepciones del público mayoritario (en todo caso, con un estilo muy familiar para quien esté acostumbrado a ver cine social), la cuarta y mejor película de Laurent Cantet consigue mantener la atención, con esas cámaras nerviosas que casi rozan la piel de los protagonistas, como si se tratase de una película de intriga (o incluso de juicios, en el caso de la secuencia del consejo escolar) haciéndonos partícipes en todo momento de la complejidad de lo que cuenta. Me quedo con un plano impresionante: el profesor, de espaldas tras una jornada durísima, fuma en un comedor solitario. El héroe peor que derrotado: pensando en los fallos que ha cometido y en cómo puede solucionarlos... si se puede.

Obvio decir que la perspectiva de Eastwood en
“Gran Torino” es bien diferente. Aunque parece ser que el personaje escrito por Nick Schenk no estaba necesariamente pensado para él, parece increíble que no sea así. El Sr. Kowalski, el canto del cisne como actor del viejo Clint, es un homenaje a iconos previos (sí, Harry el Sucio, pero también el protagonista de “Sin perdón”, buscando redimirse de su pasado con una última misión mientras se resiste a comportarse como un viejo acabado que no comprende el nuevo mundo que le rodea), con los que juega cayendo conscientemente en la parodia. De hecho, si tuviese que clasificar esta película en un género, sería la comedia.

Schenk se basa en este personaje, reaccionario y desencantado, y en la introducción de determinadas constantes temáticas clásicas (la transformación paulatina, la búsqueda de un sustitutivo de la relación paterno-filial, la sustitución de una vieja sociedad por otra nueva, el conflicto entre la cruz y la espada –o la pistola-, la violencia callejera y esas ideas tratadas tan a la americana de la protección, la justicia y la venganza) para establecer una metáfora, bastante visible, de las transformaciones sociales y la necesidad de una nueva convivencia que, curiosamente, se establece presintiendo la muerte de Clint al tiempo que aflora la era Obama.

“Gran Torino” revisa las heridas del pasado, muestra de forma moderadamente retorcida una vergüenza nacional que se retrotrae a los tiempos de Corea y Vietnam y los pone en orden en el diálogo en la furgoneta entre Eastwood y la joven chica hmnong, quien le da una lección de historia geopolítica en menos de cinco minutos. Pero –y pese a compartir en ambos casos una escena de incomunicación “lost in translation”-, la sensación de tensa normalidad con que la multiculturalidad se aborda en “La clase”, es sustituida –de forma no sé si totalmente crítica o no- en “Gran Torino” por la ignorancia y el infantilismo propios del tópico estadounidense. Ya saben, hacer bromas a costa de los inmigrantes chinos, llamar a los personajes “Rollito de primavera”, “Karate Kid” o “Fu Manchú” e integrarlos culturalmente a base de que pasen por el aro de lo que hay: estáis en nuestro país y éstas son nuestras normas. Si no os gustan, volved a vuestra selva. Es decir, hay todavía una sensación de sorpresa ante lo nuevo que en “La clase” ya no se produce: ahí ya están pasando a la siguiente pantalla. Ahí ya rodaron “El odio” hace casi 15 años.

Hay una idea que tengo mucho últimamente en la cabeza. Creo que el exceso de información que existe respecto a los estrenos cinematográficos es contraproducente: en vez de incitar a ir al cine, quita las ganas. Me explico: se cuentan tantas cosas de les pelis que se van a estrenar que se elude el misterio y la capacidad de sorpresa. Al final, pagas siete euros por ver algo que ya sabes lo que va a ser (y creo, de hecho, que ese es otro factor que contribuye a que la gente se las baje). Me ha pasado con estas dos pelis, pero creo que hay una diferencia sustancial. “Gran Torino” no me ha aportado nada con respecto a mis preconcepciones. Lo veía venir todo. Y me dejó tal cual. En “La clase” también preveía algunas de las cosas que iban a suceder, no me sorprendió a grandes rasgos, pero me tuvo en vilo, me emocionó y, a día de hoy, todavía me hace pensar. Si la primera es un simple producto de consumo (discreparán conmigo los fans de Eastwood, pero así lo pienso), la segunda es una obra de arte y un manifiesto intelectual y emcional de primera categoría.

Canción del día:
"La última letra del alfabeto" (PAL)

Frase del día: "Las manos quieren ver, los ojos quieren acariciar" (Goethe)

7 Comments:

Anonymous Jesús Miguel said...

Coincido en lo que dices, sobre todo cuando calificas 'Gran Torino' como una comedia. Fue mi comentario al salir del cine. Y ahondando un poco en lo que comentas de la ingente cantidad de información que hay sobre las películas, vuelvo a estar de acuerdo. En este caso, 'Gran Torino', la habían vendido con demasiados parabienes. Te esperas demasiado y luego llega la decepción. La historia de siempre.

En todo caso, sí, me parece que se ha sobrevalorado esa película. Es cierto que plantea conflictos de gran actualidad, pero le sobran tópicos. Y no digo que los tópicos no sean reales (sólo hay que escuchar cómo hablan ciertas personas mayores de los inmigrantes para darse cuenta), pero se quedan en la superficie.

Por otro lado, creo que hay un exceso de chistes repetitivos. A la primera te hacen gracia, pero cuando ya le ha llamado "rollito de primavera" cinco veces al chino, ya no hace tanta gracia.

7:55 p. m.  
Blogger G said...

"Hay una idea que tengo mucho últimamente en la cabeza. Creo que el exceso de información que existe respecto a los nuevos albumes es contraproducente: en vez de incitar a ir al cine, quita las ganas. Me explico: se cuentan tantas cosas de los discos que se van a estrenar que se elude el misterio y la capacidad de sorpresa. Al final, pagas 15 euros (o dejas de pagar) por ver algo que ya sabes lo que va a ser (y creo, de hecho, que ese es otro factor que contribuye a que la gente se las baje).

8:13 p. m.  
Blogger G said...

Companheiro, non e unha critica, tan so unha reflexion. E aplicable o que contas a musica? Onde se queda o papel do critico?

8:14 p. m.  
Blogger jesus (of suburbia) said...

Hay diálogos de Gran Torino que chirrian, sobre todo al principio, hay un tono cómico que es innecesario, y un momento de redención y buenrollismo que choca con la temática; aún así, a mí me pareció muy buena, con Clint haciendo de Clint, algo que se echaba en falta.

Cada día leo menos sobre las películas, porque la perspectiva y la impresión cambia. Pero parece inevitable.

10:55 p. m.  
Blogger David said...

Qué pasa, Gonza. Yo creo que en el mundo del disco no es igual de comparable: no creo que haya tal exceso de información, sino todo lo contrario. Y, en cualquier caso, la información que se emite no creo que quite ganas de escuchar los discos (más bien puede incitar a que escuches cosas que de otra manera pasarías de ellas).
El que alguien no se gaste 15 euros en un disco porque ya sepa lo que se va a encontrar creo que es más culpa de los propios artistas que de los medios de comunicación.
Pero no estoy seguro de nada de lo que acabo de poner.

4:29 p. m.  
Blogger Gonzalo said...

Non esperaba menos.
Vexote pronto companheiro, que tenho que pasar por Madrid, e contarche algunhas cousas dos meus novos proxectos.
Apertas.

10:09 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Lo cierto es que si que es estrano que cuando ya te has bajado ilegalmente el disco porque no das localizado el CD por casa para ponerlo en tu MP3 esta manana y aun encima entres en una tienda despues del curro y veas su reedicion en vinilo por la tarde (sin los extras) y te gastes no 15 sino 25 euros para disfrutar de los 180gr y el free voucher para el download. Creo que debo plantearme la vida de otra manera. Quiza sea mejor el factor de desencanto que G sugiere para no gastar un duro y de paso acabar con el cine, la musica y la industria, los servicios y cerrar todas las FNACs y los HMVs, echar a todo el mundo incluidos los bloggers y los criticos como total ya hemos oido y leido tanto sobre aquello que gusta que nada nos puede ya sorprender, y total como no hay familias detras de toda esta gente que hace posible que todavia todos nos sorprendamos y nos divirtamos. Cuanto paro dices que hay en Espana 3 0 4 millones, me pregunto por que?. Sergio V

12:33 p. m.  

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