viernes, marzo 27, 2009

Melancolía y sombra

Coinciden estos días en Madrid un ciclo de cine y una exposición que, por predisposición genética, ambiental y cultural, conectan mucho conmigo. Desde el mes pasado y durante todo abril, la Filmoteca programa el ciclo "La melancolía en el cine" y, hasta el 17 de mayo, en el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid se puede ver la muestra "La sombra". Son dos temas inevitablemente vastos, condenados a la dictadura de las ausencias (siempre se echará alguna obra de menos), al capricho y a la indefinición. Pero sólo la voluntad y el riesgo de agrupar algo bajo estos conceptos me parece suficiente como para ser celebrado.

La melancolía en el cine. Uffff. Difícil delimitar ese concepto y trasladarlo a imágenes. Difícil relacionarlo con la perspectiva emocional que cada uno atribuya a las cosas. Si a mí me puede resultar irresistiblemente melancólica una película de Alexander Payne, a otro le puede resultar una comedia incomprensible. Si a algunos les puede demoler por dentro una de Kiarostami o Angelopoulos, a mí me parecen peñazos irritantes que no me transmiten nada. Si me dicen, "piensa en una película melancólica", mi mente automática se va a "Buenos días, tristeza" pero... ¿es exactamente lo mismo tristeza que melancolía?

Bajo los, lógicamente, discutibles criterios de varios integrantes de la revista Positif, se creó este ciclo como complemento a una exposición sobre melancolía y arte en el Grand Palais de París.
En este texto de Floreal Peleato se habla del éxtasis melancólico de "El Doctor Mabuse", el tiempo perdido y el deseo imposible en la ciencia-ficción de Resnais, Kubrick y Tarkovski, el lamento difuso y el sufrimento de estar vivo según Valerio Zurlini ("La chica con la maleta", peliculón), el deseo imposible del "Deseando amar" de Wong-Kar Wai o "A los que aman" de Isabel Coixet, la presión social de "La edad de la inocencia", el recorrido psico-geográfico por la saudade de "Lisboa Story", la confusión existencial de "La doble vida de Verónica" o el regreso a la tierra de la infancia, con cierta nostalgia del trauma, de "Reminiscencias de un viaje a Lituania" de Jonas Mekas, comentada recientemente en su blog por Jonás Trueba.

La sombra siempre ha tenido mala prensa. Adjetivos como "sombrío" gozan de unas connotaciones negativas a menudo injustas o desacertadas. Olvidamos que la belleza, el misterio y la fantasía de la sombra siempre viene provocada por contraste con la luz. Parece que sólo en países como éste, donde el sol es intenso y altivo, se pueden concebir consejos de alivio como "ve por la sombra". Se busca el confort de la sombra cuando la luz y el calor se hacen insoportables. No obstante, y desde que me lo descubriera
Estíbaliz (gracias), este concepto ahora va siempre unido para mí a "Elogio de la sombra", del japonés Tanizaki, capaz de entrar en un mundo de sensaciones completamente diferentes, donde la sopa se confunde con los cuencos en la oscuridad, se va a mear en una letrina en el suelo, de noche, en medio del bosque y sorteando los contornos de los árboles, dejándose acariciar por el frío y escuchando a los cuervos, buscando casi con nostalgia un mundo en el que no existe el fantasma de la luz eléctrica.

No sé si conocen o no a Tanizaki, o lo consideran irrelevante a estos efectos, los comisarios de la exposición del Thyssen, pero el caso es que su contenido ignora todo lo que no sea occidental. A este respecto, lo que dicen es que "la intencionalidad de la sombra ha sido fundamentelmente naturalista, al subrayar la verosimilitud de lo representado, pero cada época la ha dotado de connotaciones diferentes. Así, se propone llamar la atención sobre el amplio espectro de implicaciones, problemas y soluciones suscitado por la representación de la sombra en el arte desde el Renacimiento hasta nuestros días, y poner de relieve la existencia de caminos transversales e hilos que unen la distancia cronológica, las épocas y los artistas".

Visitando solamente la segunda parte -la primera me la pelaba un poco-, mi única conclusión no se aparta demasiado de la anécdota de que en cada cuadro hay una sombra pero que ésta casi nunca es la principal protagonista o que ni siquiera habríamos reparado en ella de no estar encuadrada la obra en una exposición sobre la sombra. En cualquier caso, una buena excusa para contemplar a la mujer en una habitación de hotel de Edward Hopper (aquí hay sombra y melancolía), deleitarse ante dos cuadros de Magritte y unos cuantos más de Dalí y, por encima de todo, fascinarse ante "La sombra" de Andy Warhol (de los pocos artistas que realmente idearon una serie en torno a este concepto) o la curiosa serie de fotografías "Silla de Bram Stoker" de Sam Taylor-Wood, donde una modelo y su sombra realiza extrañas piruetas sobre una silla que, como es la del autor de Drácula, no tiene sombra. Como los vampiros.

Así que no nos queda otra que ir a la sombra por excelencia: la del Nosferatu de Murnau. Siento tener que volver al cine, pero en el montaje de 65 minutos como complemento a la muestra, en el que se hace un rápido repaso al tratamiento de la sombra en la historia del séptimo arte, se encuentran cosas más reveladoras. Sí, la sombra se puede asociar, desde la era del expresionismo, al terror y la intriga (grandes las citas a "El tercer hombre" y "La mujer pantera", además de la ineludible "El gabinete del Doctor Caligari"), pero también recupera el aspecto fantasioso y juguetón de las antiguas sombras chinescas, tan bien representado por la animación primitiva de
Lotte Reiniger, y que finaliza con la coreográfica pelea al trasluz de "Kill Bill". De nuevo, el capricho personal de los comisarios se deja ver de modo inevitable: ¿Es realmente tan relevante la sombra en el cine de Peter Greenaway -aquel tipo que estuvo tan súperdemoda a finales de los 80 y principios de los 90 y que ha caído tan súbitamente en el olvido- como para meter extractos de tres de sus filmes?

Para que mi capricho personal también se note, finalizo con un pequeño guiño al grupo que mejor ha utilizado la sombra como parte de su iconografía en la música pop.
En efecto.

O casi finalizaba. Una curiosidad para rematar: justo cuando me encaminaba hacia la exposición avisté en la calle a dos famosos, el crítico de cine Miguel Marías y el director José Luis Guerin: autor de la pretenciosa "Tren de sombras" (je) y de la que, pensándolo bien, me parece una de las películas más melancólicas de los últimos años:
"En la ciudad de Sylvia".

Canción del día:
"The Hazards Of Love 1" (The Decemberists)

Frase del día: "¿El marido de tu suegra te desea sexualmente y te mira las tetas?" (Pregunta a una concursante en "El juego de tu vida")

6 Comments:

Blogger supersalvajuan said...

Joder, vaya preguntita.

7:24 p. m.  
Blogger David said...

Respondió que sí, por cierto

7:45 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Siempre llevando la contraria. Pero si hasta los pelagatos de The Horrors se han puesto al sol. ¿Has visto la contraportada de la promo? Buen disco su "colores primarios" para salir de la sombra. Eso si, cargando con buen amasijo de distorsión.

8:55 p. m.  
Blogger David said...

La contraportada, sí, pero la portada recuerda taaaaaanto al "Pornography"...

A ver si llueve de una puta vez.

12:24 p. m.  
Blogger marta villota said...

"El ojo es el órgano de la distancia y de la separación.
[...] cerramos los ojos cuando soñamos, al escuchar música o al acariciar a nuestros seres queridos. Sombras profundas y oscuridad fundamentales para invitar a la visión periférica inconsciente y a la fantasía táctil. [...]
Bruma y penumbra para despertar la imaginación. [...]
La mirada con la mente ausente penetra la superficie de la imagen física y enfoca el infinito.[...]
La sombra da forma y vida al objeto en la luz."

Juhani Pallasmaa, quien me descubrió a Tanizaki, In’ei raisan


Y al final la lluvia y la sombra, ¿a quién invocaste David?
Me encanta el guiño-capricho.

Besos de otra taciturna.

1:52 a. m.  
Blogger David said...

No me atrevía a invocar a Pallasmaa (a quien tan oportunamente me has descubierto) porque tu voz estaba más legitimada para ello. Me alegro de que hayas entrado a seguirme la corriente contracorriente de forma tan certera.

De todos modos, prefiero mil veces a la Marta sonriente que a la taciturna.

Un beso.

2:09 p. m.  

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