jueves, noviembre 12, 2009

"El secreto de sus ojos", de Juan José Campanella. Cadenas perpetuas.

En toda su filmografía argentina -incluso en obras menores como "Luna de Avellaneda"-Juan José Campanella se ha confirmado como uno de los más hábiles manipuladores de la emoción dentro del lenguaje cinematográfico. Sin que eso se deba leer como algo peyorativo; se puede manipular bien o mal, con gusto o sin él, moral o inmoralmente, y el autor de "El hijo de la novia" suele normalmente salir bien parado. Guiones que enganchan, buenos diálogos, personajes bien perfilados y Ricardo Darín como actor fetiche permanentemente solvente son los recursos que hacen tener siempre ganas de ver una peli de Campanella, garantías de que no has perdido el tiempo ni el dinero.

Pero, de todas ellas, (y eso que "El hijo de la novia" también me gustó bastante) es "El secreto de sus ojos" la que muestra mayores cotas de excelencia, la perfección de su estilo. En su narración de una obsesión que contiene otras obsesiones, contada en flashbacks y que abarca 25 años, parte de una estructura de historia de intriga aderezándola continuamente con romanticismo, humor e incluso una muy tangencial y sutil crónica política sin que nada de ello quede forzado.

Cierto es que hay algunos detalles a nivel de guión poco creíbles (ignoro si en la novela original existían también) y también algún tópico almibarado en la historia de amor (¿realmente era necesaria otra escena de chica-corriendo-detrás-de-un-tren-y-manos-que-se-tocan-tras-el-cristal?), pero todo eso se perdona al convivir tan de cerca con la extrema dureza de la historia principal: la búsqueda del violador y asesino de una joven y la relación que se entabla con un hombre destrozado, el novio de ella; todo ello en el entorno de la dictadura argentina.

Visualmente, me ha sorprendido mucho una secuencia, la que se desarrolla en el estadio de fútbol, cuyo ritmo y audacia visual se contrapone completamente al tono general de la película, filmada de modo absolutamente clásico. Y a sabiendas de que el mayor festín para los espectadores va a ser el constante intercambio de miradas, silencios y palabras que no parecen importantes pero lo son muchísimo entre Darín y Soledad Villaamil, que redefinen con una extraña naturalidad los tópicos de parejas de detectives a su pesar en una constante tensión romántica no resuelta. Nos hipnotizan y, una vez más, nos llevan a su redil por la vía de la emoción.

Gran película.

Canción del día:
"All For The Best" (Thom Yorke)

Frase del día: "La fama es el castigo que Dios manda a los artistas" (Alejandro Sanz)

4 Comments:

Blogger jesus (of suburbia) said...

La escena del partido de fútbol es memorable. De lo mejor de Campanella, aunque yo me quedo también con El mismo amor, la misma lluvia y la serie Vientos de Agua.

7:11 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

http://www.youtube.com/watch?v=hffLoBKeHWk

12:03 a. m.  
Blogger MARTA said...

Una aclaración, la película NO transcurre durante la dictadura argentina sino durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, en 1974, año en que se gestó el terrorismo de estado de la Tripla A, cuyo jefe fue la mano derecha de la presidenta. La dictadura militar fue en 1976.

4:14 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

David, me agrada ver que te pase un poco de cine argentino y de realismo magico de la quinta/escuela de Subiela. Pienso que es el episodio 8 de Vientos de Agua el de la opera de Pablo, todavia de lo mejor de la filmografia de Campanella. Eso ni Saura y La Fura juntos logran tanta emocion. Sin embargo la secuencia del estadio es simplemente brutal. Espero vernos en los bares por navidad si aun queda alguno en el que no se permita fumar. Un abrazo. Sergio V.

3:02 p. m.  

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