jueves, junio 25, 2009

"Mes petites amoureuses", de Jean Eustache (1974). 401 golpes y una educación sentimental.

Hace poco, mientras promocionaba por aquí la comedia juvenil, también francesa, "Lol", su protagonista decía que si había triunfado tanto en su país es porque la mayoría de las pelis sobre la adolescencia la trataban como una época amarga y ésta la pinta como una etapa divertida y feliz. Allá ellos. Yo me sumo a los que opinan que quien fue feliz en su adolescencia es un hijo de puta.

Aunque Jean Eustache rodó "Mes petites amoureuses" justo después de "La maman et la putain", el guión estaba escrito antes, y es interesante partir de esta trampa metódica para imaginársela como si realmente fuese anterior. De hecho, veo la segunda de sus dos películas de ficción más 'convencionales' (tómese con mucho relativismo este último término) como lo que podría ser perfectamente la precuela de "La maman".

Si se lee el argumento, "Mes petites amoureuses" se puede entender como el clásico relato de iniciación, centrado en un adolescente francés de provincias que, entre unos meses con su abuela y otros con su madre y su nuevo amante, empieza a descubrir el mundo relacional. Sí, hay cosas que pueden sonar a tópico sobado (ese primer morreo en la fila de los mancos del cine, por ejemplo), pero el gran Eustache se las arregla para contarnos lo que parece lo mismo de siempre de un modo completamente diferente. Como todo su cine: un pie en la Nouvelle Vague, pero todo el resto de su cuerpo fuera, redefiniendo temáticas clásicas para llevarlas a un terreno más amargo y desasosegante.

El Daniel que protagoniza la película remite inevitablemente (como siempre que pensamos en una peli francesa con niño, qué previsibles somos) al Antoine Doinel de "Los 400 golpes", también al protagonista de "El soplo al corazón" de Louis Malle. Pero yo enseguida me imaginé que la peli podría narrar perfectamente la primera adolescencia del Alexandre de "La maman": podría ser él mismo.

Hay en este tipo de historias de iniciación a la vida, el sexo y el amor un cierto componente nostálgico como entrañable que aquí permea en una serie de anécdotas riquiñas pero que en ningún momento marcan el tono de la historia. Eustache opta por un montaje cronológicamente lineal pero muy radical al cortar cada secuencia antes de que se resuelva mediante bruscos fundidos en negro. Como si todo fuesen pequeños flashes de la memoria o, tal vez, como si la conclusión de cada acción no tuviese, en realidad, ninguna importancia. Todo ello ayuda a ver las vivencias de Daniel como un aprendizaje sentimental a base de hostias y cagadas, lo normal dentro de una edad vital en la que uno es impulsivo y visceral y, al tiempo, todavía no controla los códigos que debe utilizar para obtener sus propósitos. (Ahora siento decir que van algunos spoilers).

Aspecto fundamental de la peli es que cuando Daniel empieza a descubrir esos códigos y consigue ligar con una niña, estamos cerca del final (que no desenlace) y él se tiene que volver al pueblo de su abuela. Lo que podría ser un happy end acaba poniendo más de manifiesto la amargura que subyace en la peli, que, en realidad, lo que hace es anticipar el futuro mostrando, sin mostrar, un salto temporal invisible. Explico mi paranoica teoría: durante la peli, Eustache nos muestra el contraste entre esos pequeños individuos en iniciación frente a unos adultos hastiados, amargados, derrotados por la vida. Como dice el crítico Hervé Gauville, la de los niños y adolescentes de este film "es la soledad vulgar de los conducidos por la vida, que no perciben aún en qué medida el fracaso es un elemento constituyente de su porvenir". La peli nos está mostrando sus inicios por un camino de sufrimiento cuyo futuro se vislumbra en los rostros adustos de los adultos. Y, del mismo modo, el director nos muestra esos primeros pasos de unos chicos que podrían ser los que unos años después vivirían el 68 y la revolución sexual. Nos sugiere una gigantesca elipsis (en esa historia, en su propia vida y en su obra cinematográfica), una elipsis en la que se ocultan los previsibles años de felicidad y plenitud y, a continuación, nos muestra al desencantando y cínico Alexandre buscando un polvo fácil en los cafés del Boulevard St. Germain.

Estamos hablando de un director que era aficionado a rodar la misma historia dos veces (lo hizo en varias ocasiones) para reflexionar sobre cómo el paso del tiempo y el cambio de punto de vista altera las cosas. Lo de "Amoreuses" y "La maman" no es exactamente lo mismo pero sí lo es: de algún modo, nos habla de un antes, un después y, (por omisión), de el vacío de enmedio. Paradójicamente, ese vacío de enmedio que nunca rodó son los años felices. En el antes, los silencios predominan sobre los diálogos. En el después, la verborrea predomina sobre los actos. Como dice Françoise Lebrun, "una película nos cuenta el fracaso amoroso de unos seres que hablan poco y la otra el mismo fracaso de los que no paran de hablar". Pero no debemos olvidar tampoco el componente de comentario social que hay en sus películas (al protagonista de ésta, sin ir más lejos, le impiden ir a la escuela y le obligan a maltrabajar porque su padrastro, jornalero español, tiene escasos recursos económicos, mientras que otros chavales de clase social superior le miran con aire de desprecio).

El último corto que rodó Eustache es "Offre d'emploi" (1980), un "cuento moderno" por encargo de una cadena de TV que muestra el proceso de selección de un trabajador por una empresa multinacional. El absurdo del análisis grafológico por parte de la experta en recursos humanos y la finalización con la opinión de un experto que dice que lo de la grafología es una mierda y que lo que hay que hacer es recurrir a la lingüística es absolutamente lúcido y clarividente. Eustache, siete años después de "La maman", está auscultando y mostrando, de nuevo, su malestar ante una nueva sociedad, la del kafkiano capitalismo avanzado actual y sus formas de clasificar y someter al individuo. En esos 18 minutos se anticipa al Nicolas Klotz de "La cuestión humana", al Laurent Cantet de "El empleo del tiempo" y "Recursos humanos" y al Erick Zonca de "La vida soñada de los ángeles".

Justo antes rodó el penúltimo, "Les photos d'Alix" (1980), cuya extrañeza artística es realmente insondable. El corto muestra a una fotógrafa (la tal Alix, nada que ver con Alberto García), de quien no sabemos si es una actriz, una fotógrafa real o si se está interpretando a sí misma o no. Ella le muestra a un chico cuya relación con ella desconocemos (y a quien interpreta Boris Eustache, hijo del director) una serie de fotografías que describe con alta precisión técnica y biográfica. Pero, a medida que transcurre el metraje, los comentarios sobre las fotos van desligándose cada vez más de lo que vemos, y sin que el chico se inmute. La foto muestra una cosa y Alix habla de otra. La sensación de hilaridad y desorientación ante la extrema brecha en la realidad (como la de los lloros por gases lacrimógenos en aquel café en el París del 68) es cada vez más notorio hasta que la película, como no podía ser menos por parte de Eustache, se corta bruscamente. ¿De qué iba esto? ¿Qué demonios nos quería decir?

Sí,¿de qué iba esto? ¿Qué nos quiso contar Jean Eustache con su vida y su obra? Relata Françoise Lebrun (la Veronika de "La maman" y ex amante suya para quien, de hecho, él escribió el guión de la peli) que la última vez que habló con él, el director la llamó por teléfono para contarle que quería rodar una nueva peli que sería un plano secuencia en su habitación y le leyó un texto "muy poético", ajeno. Ese film nunca se inició. Ese mismo día, Jean Eustache se tragó un frasco de barbitúricos en esa misma habitación. Era el 3 de noviembre de 1981. Tenía 43 años.

Canción del día:
"Douce France" (Charles Trenet)

Frase del día: "Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros. Tal vez, los peores más que nadie" (de la película "Grupo salvaje")

4 Comments:

Blogger supersalvajuan said...

Espíritu Sam Peckinpah

4:13 p. m.  
Anonymous el alto said...

Grupo Salvaje es una película que, cada vez que la veo, me gusta más. Y ya es complicado.

7:21 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

La película que estaba haciendo cuando se mató iba a títularse Un moment d'absence.
http://peineperdue.blogspot.com/2008/11/un-moment-dabsence-7.html

12:24 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Bonito artículo sobre el gran Jean Eustache, solo un par de correcciones: se suicidó pegándose un tiro al corazón con una pistola y tenía 42, no 43.

La chica del cortometraje "Les photos d'Alix" sí que fue fotógrafa en la vida real, y gran amiga personal de Eustache. Murió 2 años más tarde en 1983. De vez en cuando hay exposiciones fotográficas sobre su obra, como esta de hace poco:

http://www.bnf.fr/fr/evenements_et_culture/anx_expositions/f.alix_cleo_roubaud_photos.html

5:16 p. m.  

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